nuestra travesía en el museo empieza explicándonos los inicios y el éxito del sistema morse que fue inventado por Samuel Morse (1791-1872).básicamente se utiliza por su extrema simplicidad para comunicar todo tipo de mensajes mediante la utilización de un código que permite transmitir todas las letras del alfabeto por un único cable, y esta tecnología se complementaba con el telégrafo que era a través de un emisor y un receptor. para la emisión del mensaje, el operador manipulaba una llave que transmite impulsos eléctricos al aparato receptor.
el sistema se basa en un codigo de puntos y rayas para cada letra y numero, los cuales equivalen a señales cortas o largas de corriente que, a su vez, pasan en el receptor por un electroman que acciona una pluma que marca en una cinta los puntos y rayas correspondientes, que el telegrafista transcribe en lenguaje convencional.
La invención del telégrafo eléctrico a mediados del siglo XIX trajo un cambio en las comunicaciones mundiales, los mensajes viajaron por los cables alámbricos que conectaron tanto el espacio interno de las ciudades, como las ciudades, convertidas en una red de puntos del espacio geográfico por todo el mundo. Esta innovación tecnológica se abrió camino entre la incredulidad que levantaba su acción entre los inversionistas y los ciudadanos, como en el potencial que rápidamente identificaron y orientaron sus usos privados y públicos.
El telégrafo eléctrico es una ruptura en la relación con el territorio, el surgimiento de un nuevo control regional y la construcción de las sociedades modernas. Las primeras pruebas de Morse, en 1844, contactaron a la capital estadounidense, Washington con Baltimore, a una distancia de 62 kilómetros, después las estaciones se instalaron cada vez más lejanas. En el verano de 1866, el cable submarino de 3,760 kilómetros de extensión conectaba Irlanda y Canadá.
ante toda esta evolución de la comunicación se destaca una figura particularmente importante
Juan de la Granja, (1785-1853), un hombre cosmopolita que vivía en Nueva York y presenciaba las transformaciones y ventajas del telégrafo para la vida de los Estados Unidos. Al regresar a México con los equipos de transmisión magnética, llevó a cabo las primeras pruebas telegráficas entre el Palacio de Minería y el Palacio Nacional, con la idea de llamar la atención de posibles inversores para abrir la primera línea hacia el puerto de Veracruz.
Un primer periodo, entre 1849 y 1853 introduce los primeros pasos, hasta conseguir la primera línea privada, de 408 kilómetros, hasta Veracruz, ese fue un logro personal para de la Granja, a quien la vida le alcanzó para ver realidad la transmisión de mensajes y la modernización de la capital mexicana. A partir de 1856, la red mexicana se extendió hacia Toluca, Morelia, Guanajuato, León y Guadalajara. La empresa telegráfica dio un giro cuando el gobierno mexicano se hizo cargo del sistema para volverlo de interés público y político.
Una época dorada extendió la red técnica, entre 1877 y 1882hasta los 16 mil kilómetros, con 264 oficinas y más de 500 mil mensajes transmitidos, con una mejora en los horarios de transmisión y nuevos equipos instalados, como las impresoras dúplex y múltiplex, así como la publicación de la (1889) y el ingreso a la Unión Telegráfica Internacional (1896). Los servicios se extendieron a la transmisión de noticias, servicios financieros y catástrofes en las costas o los caminos a lo largo del territorio nacional.
El discurso narrativo del museo da espacio a los trabajadores o telegrafistas, un colectivo equiparable con los sacerdotes que se ganaban la confianza al enterarse de los y familiares, así como de los levantamientos civiles de interés para el poder político de la capital mexicana.
En este punto, el museo presenta el telégrafo en campaña, durante los equipos transmitieron las órdenes de ataques, de avances por la montaña o las extensas llanuras o el retroceso del ejército o bien los planes, los acuerdos entre los jefes militares y, desde luego, las victorias en el campo de batalla.
Siguen dos periodos clave del siglo XX para el telégrafo, primero, cuando las transmisiones conectaron a la capital mexicana con Berlín, en 1917 y su papel en la construcción de un México moderno, entre 1917 y 1942, con el servicio de radiotelegrafía con Europa (1929).
La transformación del mundo rural a otro urbano, entre 1942 y 1968, se dio de la mano del surgimiento de una nueva sociedad mexicana, un crecimiento demográfico, el auge económico y la integración de una red federal de microondas, en 1965 y, unos años después, la apertura de la teleinformática (1973) y la fonotelegrafía automatizada (1982) que facilitaba la transmisión de información entre los clientes de telefonía residencial, de forma rápida y segura, con personas físicas o morales en el país. Esta síntesis que presenta el museo en sus diferentes secciones, con el apoyo de los textos explicativos y un discurso visual completan los diferentes periodos de vida del telégrafo mexicano hasta su conversión en una red de transmisión de datos, textos, imágenes, voz, sonidos y video que ofrece hoy la Internet.
En la parte central del museo hay con tres épocas representativas de los equipos que se insertan en las diferentes secciones, como los primeros equipos de transmisión magnética o las perforadoras de cintas, el comunicador telegráfico, la grabadora de alambre o el teleimpresor T68, entre otros aparatos que dieron vida a las transmisiones.



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